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Comentarios a los Principios Ideológicos de la Intervención Española en Marruecos a Principios del Siglo -XX- (1)

                                                                                                                                      En general, puede afirmarse que los autores africanistas, al pronunciarse a favor de la intervención española en Marruecos, utilizaron argumentos a caballo entre el ideario colonial más descarnado y la más celestial mística de “fines civilizadores de humanidad”.1De acuerdo con esta mística, la intervención de España en Marruecos se justifica plenamente porque “España está compuesta por la Iberia europea y la Iberia africana”, y, según eso, actuamos en defensa de nuestra nacionalidad. Es obvio que si “los marroquíes son iberos y poseen la alta espiritualidad y sentimiento religioso y ético de su raza selecta”, los españoles intervenimos en Marruecos “obligados, principalmente por ley de sangre”.2       Pero la segunda razón que nos lleva a África es el imperio irresistible de la ley de la Necesidad”…dice la  tal “ley”, que “España limitada al Sur… por un pueblo extraño que no sea el moro frente al Estrecho, tiene detentada su soberanía, herida de muerte de su independencia. Sin la salvaguarda de Marruecos nosotros seríamos pronto inválidos por la nación europea que a éste ocupase…La nacionalidad de Iberia, su soberanía, su independencia como pueblo, su unidad como raza, no tendrán realidad hasta que no sean de España desde Punta de la Almina hasta Cabo Blanco, y juntamente con eso, el hinterland del Sahara que deje libre camino hacia el Sudán a nuestro comercio y a nuestra gente…necesitamos los españoles que a través de Marruecos vengan a desembocar a España los grandes caminos de la riqueza, intermediaros entre Europa y América. Esto habrá de despertar en nuestra patria la industria y el saber, aprestándola a la lucha de la concurrencia universal…Vamos también los españoles a Marruecos llevados por la necesidad de encontrar allí para nuestra sangre emigradora hogar y terruño…”.3         Otro africanista4 nos completa el cuadro”… No ha ido España a Marruecos solamente obligada por la fuerza de un derecho y por tradicionales deberes. Ha ido España a Marruecos impulsada por un santo egoísmo de defensa nacional…porque no puede consentir que nadie domine las playas fronteras a sus costas, porque el establecimiento de otra potencia a la orilla opuesta del Mediterráneo significaría el bloqueo de la Península Ibérica… Nosotros vamos a Marruecos a defender a España, porque el lugar que en el Norte de África ocupemos nosotros, no podrá ocuparlo ninguna otra potencia europea…”       Insiste aún en “ la importancia que para nosotros encierra ese frente septentrional del continente africano…donde está la garantía de nuestra prosperidad, de nuestras expansiones comerciales, del progreso y desarrollo de nuestra industria y agricultura, de nuestro crédito mundial…es precioso que se adopten todas aquellas medidas que favorezcan la penetración de nuestras mercancías en el Magreb…el esfuerzo de los gobernantes españoles debe tender al encauzamiento de la emigración hacia Marruecos y a fomentar el empleo de capitales españoles en la explotación agrícola de nuestra zona…”       Es frecuente que estos autores, en su afán de justificar la intervención en Marruecos, lleguen a enunciar argumentos claramente maximalistas. Se acude a la famosa “vocación sur” de España y se asegura que “…el pueblo  español ha seguido imperial aún en las épocas de mayor desventura. En cambio, el Estado y las clases rectoras, a las que incumbían dar una conciencia política, no merecían otro calificativo que el de desertores “.5 Este concepto de la historia pleno de vocación “imperial “que se encuentra en autores más antiguos 6 ,viene a señalar el disgusto y decepción de los africanistas ante la insegura actuación oficial en Marruecos, siempre entre el gesto heroico y el abandono pero incapaz de montar un colonialismo que cumpliese eficazmente los objetivos que han repasado.        Un historiador más reciente7, lleva la contraria a Eugenio Montes. “…En general, las masas españolas se mostraban apáticas y aprensivas en cuanto a acometer otra acción militar”. “Cada vez que se producía un nuevo levantamiento entre las tribus marroquíes, el pueblo español experimentaba la presión de nuevos impuestos, la amenaza de un reclutamiento militar, sin poder columbrar ni una sola de las “glorias” o beneficios que una administración nacional competente pudiera proporcionar “.8        El sentimiento de disgusto hizo que frente a la corriente intervencionista se alzase un poderoso movimiento de oposición: “…Durante sesenta y cinco años el movimiento obrero mantuvo una ejemplar conducta política al solidarizarse continuamente con las reivindicaciones nacionales marroquíes. Por aquella época, ningún proletario de país colonialista estuvo a la altura del español en la denuncia de la opresión colonial” 9 Se denuncian “las represiones de la policía indígena, la tensión constante de todos los resortes de dominio, la barbarie de los ejércitos opresores “, relacionándose estas denuncias con el análisis de que “ España sirve en Marruecos más que a su propio imperialismo al imperialismo absorbente de Francia e Inglaterra…nuestra acción allí es más bien política , de estrategia y equilibrio entre dos imperialismos extranjeros que capitalista, de expansión y dominio burgués”. Se alertó a los trabajadores a “estar preparados y dispuestos a ponerse al lado de la justicia, que es defender la nacionalidad de los pueblos oprimidos frente a la rapiña y la ambición de los imperialismos”.10     Y así fue, los movimientos obreros llevaron a la calle la inquietud sentida ante los acontecimientos africanos, y los periódicos de izquierda mantuvieron fuertes campañas de prensa contra la acción colonial.     Si distinguimos entre el africanismo –que podía presentar más o menos coherentemente un programa de acción colonial 11 – y el Estado Español, es posible afirmar que, ante la perspectiva de participar en el reparto de Marruecos, “los españoles no se supieron resistir la tentación ante lo que en aquella época les parecía una ganga; y no obstante, España no tenía ninguna política colonial específica ni clase alguna de planes concretos para aquel territorio que había de ser suyo. Raymond Carr, cree que España aceptó el protectorado marroquí por cuestión de orgullo, ya que no podía soportar la idea de aparecer como potencia menor incapaz de tomar parte en la querella colonial”. 12       Esta actitud anterior que, a falta de otras posibilidades, se había atrincherado en el mantenimiento del “statu quo marroquí”13      En efecto, “el 5 de octubre de 1887, el Sr.Moret, ministro de Estado, de vuelta de un viaje a Paris, decía en circular a los representantes de SM en el extranjero. “ España proclama, el statu quo territorial y político de Marruecos, estando al propio tiempo dispuesta a unirse a las demás potencias europeas o a tomar sobre sí la iniciativa para reclamar todas aquellas reformas que los intereses de la civilización reclamen y que pueden otorgarse sin prejuicio de las creencias y modo de ser del pueblo marroquí”.14       Ante la acción de España en África, y quizá porque tal acción sólo se pudo llevar a cabo cuando se obtuvo el placer anglo-francés, los africanistas españoles sintieron la necesidad de demostrar que la actuación colonial obedecía a razones propias y originales, no aplicables a los otros colonialismos europeos. ¿A qué extremos de confusión puede llegarse en esta búsqueda y exaltación de “la diferencia”? Esta obsesión da lugar a que aparezcan artículos de contenido anticolonial en la prensa africanista. El aparente contrasentido desaparece cuando comprobamos que las acertadas críticas al colonialismo francés (o inglés) aparecen contrapuestas a la idea de la desinteresada, acción de España.15       Así es como se pretende distinguir, enfrentándolos, el concepto de “protectorado”y el de “colonia “. Al primero se le define como “aparato complicadísimo de reducción de inválidos”, lo que nos lleva al espíritu y casi la letra del testamento de Isabel la católica; “así como colonia es despojo, el protectorado es conservación, restauración, mejora”. 16 El protectorado “supone, como es natural, superioridad de medios en la nación que ha de ejercer el protectorado e inferioridad y necesidad de ellos en la nación protegida”.17       Ya hemos visto las motivaciones para la intervención  de España en Marruecos. Cada cual puede justificarla por las razones que más le plazcan: la tradición histórica, con sus inexorables “leyes”, respalda nuestra política africana, deseada por Isabel de Castilla y olvidada por Carlos de Gante. Y para los desafectos a los “derechos históricos “queda el deber ético de extender la civilización occidental entre gente salvaje. “Marruecos por su tradicional estado de incultura  y apatía, necesita de protección extraña”18. Tales son, en resumen los puntos principales del abigarrado ideario africanista”.        Esta ofensiva dedicada a demostrar que España era diferente como potencia colonizadora ( y si atendemos a su incapacidad, no dejaba de ser verdad) se dirigió tanto hacia los españoles como hacia los mismos marroquíes : “ cuando aún humeaban las armas pacificadoras ; mientras que en las rocosas cúspides del Yebel tremolaba al viento, la gloriosa bandera de España, encorvada el asta que la mantenía flotante, por el peso de tantas corbatas victorias ganadas; en tanto que el brioso corcel de la fama hería con duro galopar las altivas crestas de la tingitana geografía ya entonces, al pié de esas armas; a la sombra de esa bandera y al compás del brioso ritmo de aquel indómito corcel, minerva hacía girar locamente su artística rueca para tejer sin cesar la urdimbre sin fin de la verdad al servicio de la fidelidad y el honor; y colocarla después de urdida, a guisa de estola que enlazase, premiase y distinguiese los nobles servicios de las armas y de las letras”.19        En menos palabras, la prensa española se introduce en Marruecos para difundir y justificar el ideario colonial, pues ya se sabe que “la literatura no es patrimonio exclusivo de un pueblo sino ley general del progreso. Los sentimientos se extienden y generalizan precisamente por el adueñamiento de los espíritus”.20        En resumen, “para conseguir que un pueblo bárbaro acepte de buen grado protección extraña…hay que tener, sí, una idea un plan, o para  decirlo más gráficamente, un libro y hay que llevar también un maestro; pero es precioso contar, además, desde un principio, con un palo o el castigo. Es el sistema de educar al bruto y díscolo”.21       También es cierto que, aún desde una óptica africanista, hubo autores que criticaron aspectos determinados de la acción colonial, críticas y análisis sobre el protectorado varían, evidentemente, según el matiz ideológico del autor de turno. Entre los africanistas, quien se considera heredero espiritual de los tiempos en que España “tenia voluntad de imperio” lamenta principalmente que la intervención española fuese al araste de la francesa y que en la hora del reparto, nos conformaran con la peor tajada, en “aquellos años en que la sombra fatídica de Francia e Inglaterra frenaba nuestro ímpetu y arruinaba nuestros más modestos planes de política exterior ¡” 22. Paralelamente se critica con dureza la incapacidad de los distintos gobiernos para transformar la cuestión marroquí en “ideal nacional, que en el alma de la raza siempre late y vibra…”23        Evidentemente, pesaba mucho la decidida actitud anticolonial de la clase obrera española. “Si antes de la campaña de 1909, nuestros gobernantes se hubieran dirigido al país desde las alturas del poder… El país, que vivía divorciado de los políticos se entero de los deberes de España cuando la hecatombe del barranco del lobo…y fue lanzada la infame calumnia de que nuestros soldados luchaban y morían por defender un negocio de minas. En aquellos días nació la prevención del pueblo contra la acción en Marruecos”.24       La variedad de opiniones sobre qué hacemos en Marruecos, cómo lo hacemos y cómo lo deberíamos hacer, constituyen la historia  del africanismo español, difícil de resumir en unas líneas. Expondremos, sin embargo, algunos ejemplos contradictorios de teoría colonial española: Si para uno “lo necesario es que aprovechen nuestros comerciantes y nuestros industriales el mercado abierto a los productos españoles”25, para otros nuestra orientación africana no puede tener significación económica. Afortunadamente es imposible que la tenga” 26         Creo que resulta significativo el espacio de tiempo transcurrido de una a otra opinión. A través del tiempo y de las obras de los africanistas se puede apreciar un proceso de frustración del colonialismo español a la europea y una sublimación quijotesca presidida por la exaltación de la “diferencia” apoyada en valores de fraternidad y generosidad. Por ejemplo: “…a pesar de que por nuestras torpezas, nuestra acción africana…no puede desenvolverse con toda la libertad de acción y en toda la amplitud de aspectos que hubiera sido de desear, es lo cierto que aún tiene razón de ser…esperar el momento en que la política colonialista del mundo y de las grandes potencias imperialistas, hoy en visible decadencia,…cedan los pasos a las relaciones internacionales libres, entre los pueblos evolucionados del Norte de África y Europa. Esperamos el momento en que todo el continente africano sea frente a nosotros lo que hoy es la América meridional”.27       Por razones ecuménicas o por razones económicas, a la hora de la práctica muchos africanistas coinciden “en la necesidad previa de dotar a la Zona de una vasta red de comunicaciones “28 por “cuanto se relaciona con el Estrecho de Gibraltar en su doble aspecto de comunicación con Europa y de punto neurálgico de las comunicaciones del mundo”29. Tales trabajos de infraestructura van ligados con mucho aparato estadístico-publicitario. Hay un verdadero afán de demostrar que España está cumpliendo con generosidad su compromiso protector.       Y si las estadísticas parecen demostrar que El Estado español se estaba desangrando económicamente en ayudas a Marruecos (lo que  muy bien puede aceptarse. Otra cosa son los negocios particulares), veamos en que consistía la ayuda en el terreno político social, cara a la pacificación y al afianzamiento español en la zona.       Frente a algunos partidarios de la acción a sangre y fuego, que trajo consecuencias tan desagradables como Anual, los más avisados proponen una política de atracción que de ningún modo puede calificarse de blanda. “consiste en ofrecer amistad con un gesto digno, exento de toda adulación y de todo miedo. Que jamás olvide el moro que la mano que hoy le colma de mercedes mañana puede castigarle duramente. El premio o el castigo no dependen más que de las obras buenas o de las obras malas que ejecute”.30      “ Debe, pues, recomendarse con gran interés a los oficiales interventores que estén en constante relación y buena armonía con los Chorfa de su jurisdicción ya que recurrir en multitud de ocasiones siempre que por alguna necesidad o exigencia imperiosa de gobierno o administración se dé lugar a imponerles alguna nueva obligación en que no sea procedente emplear la fuerza y sí la persuasión…Pero hay que darles la sensación de que no presentan más que un elemento auxiliar  y no una panacea de la que depende todo; si son efectivamente un gran resorte político no lo es  de menor importancia el interés, cuando éste anda por en medio se olvidan de su patria y hasta de su religión ; por cuando esté para conseguir el afianzamiento político hay que conseguir primero crearles un interés, mejor individual que colectivo, lo que se logrará más fácilmente haciendo política de Kabila”.3       ¿Dónde queda, tras leer lo precedente, aquel propósito de “mejorar en provecho de marroquíes…las condiciones políticas, sociales, económicas, administrativas y jurídicas en que se desarrolla la vida de este país, cuyo lamentable estado de incultura y barbarie… levanta…una infranqueable barrera ante… las corrientes de la civilización “?32 ¿El fin justifica los medios? ¿Y qué fin? “Educación y cultura simbolizan la idea más señera de nuestra acción protectora. Empresa altruista que requiere consagración abnegada por cuanto implica el empeño tenaz de formar un pueblo culto y libre, haciendo por lo tanto innecesariamente nuestra cooperación, cuadra muy bien a nuestro temperamento y a nuestra vocación histórica”.33         Pero nuestra “idea más señera” se llevó a cabo rodeada de sospechosas precauciones: “En nuestra zona rural de protectorado no puede pensarse por ahora en hacer obligatoria la enseñanza… y más aún si esta es de religión y letras como la Coránica, impulsa al que adquirió el título de Taleb al pernicioso  vagar en espera de un empleo apropiado a sus conocimientos ( que son casi nulos) y ya no labra, ni pesca, ni caza; pues un Taleb debe tener las manos cuidadas y la Yilaba blanca, y así abandonan el campo y se van a la ciudad en busca de los medios de vida, que al no encontrarlos por el camino legal tendrán desgraciadamente que caer en la falsificación de documentos. Sería digno de meditar si en              país esencialmente agrícola y ganadero como es nuestra zona, que no se encuentra cultivada por falta de brazos , no sería una superación de cultura grave golpe inferido a la economía de la zona …Hay que tener gran cuidado en la organización de la enseñanza …pues una instrucción sin método, en un país como éste, sería peligrosa …quedando a los interventores la misión importantísima de vigilar discretamente la actuación de los Kodat y profesores para evitar que la enseñanza pueda convertirse en labor xenófoba”.34       Por cierto, y para terminar, si alguien cree aún que existen grandes diferencias “morales” entre el “protectorado” a la española y la “colonia “a la francesa, sépase que el Mariscal Lyautey tomó precauciones en la zona francesa.35______________________________________________-(1)EN COLABORACION CON J. M. ALFAYA 1) Tomas Maestre, en introducción a Manuel L. Ortega, el Raisuni Madrid 1917, Pág.15.2) Ibíd. Una curiosa nota discordante a esta alabanza a los marroquíes es la opinión de Ramiro de Maeztu, defensor de la hispanidad: “Los árabes, a pesar de sus grandes poetas y místicos, fueron unos salvajes que nunca tuvieron más civilización que la de los pueblos dominados por ellos: Sirios, egipcios, persas y españoles. Su crueldad fue siempre tan notoria como la relajación de sus costumbres. Y en el siglo 17, cuando los echamos de Granada, nos eran tan extraños e incompatibles con nuestros sentimientos europeos como ocho siglos antes, al entrar en España…(lo que) …viene a reforzar el concepto tradicional que los españoles tenemos de los moros …” , en defensa de la hispanidad, Valladolid 1938.3) Tomas Maestre, ob.cit., Pág.16.4) Manuel Ortega, el Raisuni, Madrid 1941, pág.166.5) Eugenio Montes, citado por José Maria de Areilza y Fernando Maria Castiella en reivindicaciones de España, Madrid 1941, pág. 166.6) Manuel L. Ortega, Op. Cit, pp.21 y 22 y 24. Por ejemplo: “Qué responsabilidad la de los gobernantes que no prepararon al país para la intervención en Marruecos, entretenidos en luchas bizantinas de partidos, antes que en desarrollar verdadera labor patriótica”.7) David S. Woolman, Abd el Krim y la guerra del Rif, Barcelona 1971, Pág.51. 8) David S. Woolman, Op. Cit., pág. 52.9) “Cuatro notas sobre la cuestión colonial”, en revolución y cultura, Madrid 1972.10) Cesar M. Arconada, « las colonias, Marruecos », en octubre, 1935.11)” Conclusiones adoptadas por el II congreso africanista celebrado en Zaragoza el año 1908”, en Europa en África, año I, Enero 1909, Pág. 51 y SS. “Política colonial2)en Europa en África, año I, Enero 1909, pág.23 :“…Nunca ha existido en España política colonial. Los partidos, al formular programas, no cuidaron de concretar aspiraciones de este género y menos aún de establecer normas y procedimientos para alcanzar perfecciones en tal sentido…contrayendo toda la acción colonial a un statu quo al que no se tiene derecho…La ignorancia más supina impera en cuestiones coloniales, y no ya la masa indocta sino en el grupo privilegiado, en la minoría directora, los asuntos de esta índole son relegados a último término…mientras no se integre en los programas políticos una conducta fija y determinada, es imposible realizar nada positivo”.12) David S.Woolman, Op, Cit., pp. 19-20.13 Y 14) Gabriel Maura Gamazo, la cuestión de Marruecos desde el punto de vista español, Madrid 1905, pág.25.15) Ver « la máscara del progreso2, en revista hispano-africana, Núm. 2, Febrero de 1907, pág.4216) Emilio Blanco Izaga « nuestro concepto de protectorado », en labor de España en África (Conferencias), Barcelona 1946.17) Antonio Ríos, Una tesis sobre nuestro protectorado de Marruecos, Madrid. 1922, Pág. 14.18) Ibíd., pág. 20.19) Vicente Ferrando La hoz, Apuntes para la historia de la imprenta en Marruecos, Tetuán 1949, pág. 25.20 Ibíd., Pág., 21).21 Antonio Ríos, Op. Cit, Pág. 34.22) José Maria de Areilza y Fernando Maria Castiella , Op, Cit , Pág. 315.23) Manuel L. Ortega, Op. Cit., pág. 21 a 24.24) Ibíd., pp.21-24.25) Manuel L. Ortega, Op., Cit., pág.254.26) Antonio Martín de la Escalera, Ceuta en el pensamiento de …Ceuta 1944, pp. 61-68 se trata de un libro homenaje a su memoria conteniendo artículos publicados en la revista África durante los años 1924 al 1936.27) Ibíd., pp. .61-68.28) Eladio Amigo, Marruecos, Ideario político-militar, Tenerife 1928, Pág.51.29) Tomas García Figueres « la puesta en valor del continente africano » (conferencia), en labor de España en África, Barcelona 1946.30) Manuel Ortega, Op. Cit., pág.121.31) Eladio Amigo, Op, Cit., pág.37.32) Manuel L. Ortega, Op. Cit., Pág.37.33) Rafael De Roda Jiménez, La labor de España en Marruecos (1944 -45), Tetuán 1946, Pág. 30.34) Orientaciones a los interventores, (trabajo en colaboración), Alta comisaría de España en Marruecos, 2 ED. Octubre 1935, pp.38-39.35) Jean Ganiage, les affaires d’Afrique du nord de 1930 á 1958, Paris 1972, pág  70.

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